Ana era una
alumna extraordinaria. Era exitosa y se mostraba segura de sí misma. Dejé de
ser la mejor de la clase, porque Ana no permitía un nueve como opción.
Cada martes sabrán más. Los martes me transformaron. Y así esperarán al martes. Como yo lo esperaba. Una historia de amor, de hambre, de padres e hijos, de vida y de muerte, de resurrecciones. La historia del final de Ana.
2 comentarios:
Hola interesante espacio el tuyo,
si te gusta la poesia te invito a mis blogs.
que tengas una buena semana.
saludos.
¡Seguí publicando, me enganché con tu historia!
Que estés bien, ¡un beso!
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